martes, 12 de septiembre de 2017

Champagne de Vigneron

Hace algunos meses, ese famoso centro comercial de logo triangular ofrecía en su Club del Gourmet una colección de Champagnes de Vigneron a unos precios muy interesantes, por lo que nos decidimos a adquirir algunas botellas.
Pertois-Moriset es un negocio familiar de Récoltants-Manipulants situado en Le Mesnil-sur-Oger. Actualmente poseen 18,5 Ha de viñedo repartidas entre la Côte des Blancs (alrededor de 12 Ha grand cru, 100% Chardonnay) y Les Coteaux Sézannais (unas 6 Ha, 60% Pinot Noir y 40% Chardonnay). En el viñedo la lucha contra las plagas y enfermedades se realiza mediante técnicas como la confusión sexual y el control estricto de los tratamientos profilácticos, intentado realizar una viticultura lo más respetuosa posible con el medio ambiente. De su portfolio de 7 cuvées hemos probado el Pertois-Moriset Blanc de Blancs Grand Cru (AOC Champagne, 100% Chardonnay), que se elabora con un 80% de vino base de la vendimia actual y un 20% de la precedente, con una crianza de 7 meses en acero inoxidable y posterior envejecimiento de 5 años en las cavas. Es un champagne de color amarillo pálido, brillante, de burbuja algo escasa. Delicado en nariz, con cítricos, jazmín y lichis sobre un fondo de bollería. En boca es ligero, cítrico, fresco, con un carbónico bien integrado. Es un champagne agradable, poco intenso y quizás algo falto de chicha. Para aperitivo.
La casa Froment-Griffon se funda en 1970, después de que la familia trabajara en los viñedos familiares durante cuatro generaciones, y está situada en Sermiers. Los viñedos se extienden por un total de  6.65 Ha repartidas en cuatro crus de la Montaña de Reims: Sermiers, Chamery, Villers-Allerand y Gueux. Intentan llevar a cabo una viticultura sostenible y minimizar el impacto ambiental, y una parte de los viñedos son cultivados siguiendo pautas de agricultura ecológica. Elaboran un total de 8 champagnes y una ratafía de champagne, y hemos probado el Froment-Griffon Rosé (AOC Champagne, rosado, 50% Chardonnay, 25% Pinot Noir, 25% Pinot Meunier), elaborado exclusivamente con uvas procedentes de la vendimia en curso, con una crianza de 24 a 36 meses y que sale al mercado entre 3 y 6 meses tras el degüelle. Es un champagne de color rosa asalmonado muy bonito, con una burbuja fina y constante algo desordenada. Aromas de frutillos rojos, notas florales y tostados leves. En boca es seco, una acidez viva, muy frutal y con un carbónico algo marcado. Un champagne muy rico, que gustó para una comida ligera.
Maurice Veselle es una casa calificada como Récoltant-Manipulant situada en Bouzy y que controla viñedos grand cru en la Montaña de Reims. Sus vinos no hacen la fefrmentación maloláctica y tienen largas crianzas de unos 5 años en sus cavas. Elaboran 4 cuvées de champagne y un vino tinto, y el que hemos probado es el Maurice Veselle Cuvée Reserve Brut Grand Cru (AOC Champagne, 80% Pinot Noir, 20% Chardonnay). Viste de color amarillo pálido con reflejos acerados, con una burbuja abundante y algo desordenada. La nariz no tiene una intensidad muy alta, con aromas de brioche, avellanas y fruta blanca. En boca es seco, de buena acidez, frutal y con el carbónico marcado. Un buen champagne, gastronómico.
La bodega Leclerc se fundó en 1872, y en 1995 se convirtió en una maison de champagne, adoptando posteriormente el nombre Leclerc Briant. Está situada en Epernay y trabajan un total de 10 Ha de viñedos en Cumières, Hautvillers, Mareuil-sur-Aÿ, Bisseuil y Rilly la Montagne, la mayoría de ellos grand cru. En 1940 adoptan métodos de cultivo orgánicos, y en 1980 obtienen el certificado biodinámico en todos sus viñedos, aplicando estos principios orgánicos y biodinámicos en todo el proceso de vinificación. Elaboran tres gamas de champagne, incluyendo una de viñedo único, con un total de 13 cuvées. El que hemos probado pertenece a la gama "Classics" y es el Leclerc Briant Brut (AOC Champagne, 70% Pinot Noir y 30% Pinot Meunier), elaborado con un 5% de vinos de reserva y unos 5 años de crianza en las cavas. Es un vino de color amarillo con reflejos algo dorados y donde parece querer asomar algún rosa, con burbuja algo escasa, fina y continua. En nariz, aromas de avellanas, mantequilla dulce, notal florales, bollería y tímidos frutos rojos. Buena acidez, frutal, con un carbónico bien integrado y un poco menos seco de lo que me esperaba. El más "especial" de los cuatro, bueno para comer.
Cuatro champagnes que si bien no creo que aspiren al trono de los grandes, sí que desde luego son bastante más interesantes que muchos que circulan por ahí a carretadas. Buena RCP desde luego, y estilos que van desde vinos para un aperitivo fresco, hasta champagnes con los que dar cuenta de una comida completa. A ver que nos deparan los otros cuatro que hemos comprado.

sábado, 19 de agosto de 2017

El Bierzo Según Gancedo

Ya hace tiempo que la periodicidad de mis escritos en este humilde blog se ha ido espaciando mucho. ¿Falta de ganas? ¿Falta de tiempo? ¿La inmediatez de las redes sociales hace que ni escribamos ni leamos textos largos? No lo sé. ¿Son los blogs algo arcaico y condenado a desaparecer como creen muchos? Tampoco lo sé. Es mi intención, al menos de momento, intentar volver a escribir con más frecuencia, pero sólo el tiempo lo dirá.
Hoy quiero compartir tres vinos del Bierzo que me regaló un amigo con el que me une, aparte de ya varios años de relación laboral, una amistad que se ha ido cimentando en intereses comunes, y al que quiero aprovechar para agradecer aquí públicamente su apoyo siempre que le he necesitado. Gracias Salva.
Los vinos en cuestión son elaborados por Gancedo Bodegas y Viñedos. Una bodega familiar situada en Quilós, provincia de León, y que trabajan un total de 19 Ha de viñedo repartidas en 5 fincas, y con una edad de las cepas de entre 60 y 100 años. Viticultura tradicional, artesanal, pero intentando mantener el máximo respeto y la integración con el medio ambiente. Elaboran 6 vinos entre blancos, tintos y rosado, a partir de las variedades Mencía, Godello y Doña Blanca.
Su blanco Capricho Val de Paxariñas 2014 (DO Bierzo, blanco joven, 85% Godello y 15% Doña Blanca; Gancedo Bodegas y Viñedos) se elabora con frutos de cepas de Doña Blanca de 60 años y el Godello más joven, de 20 años, plantados en vaso sobre suelos arenosos y con un rendimiento de 1-2 Kg/cepa. La vinificación se lleva a cabo en inox. Se trata de un vino de color amarillo pálido, con reflejos verdosos, limpio y brillante. Buena intensidad aromática, con fruta muy madura (pera), lichis, puntas de jazmín y destellos herbáceos. En boca eché en falta un poco más de acidez (para mi gusto, ojo), siendo un vino frutal, algo graso y con un final amargoso muy agradable. Unos 6 meses después descorché una segunda botella, donde la nariz era menos intensa, y apareció un carácter más floral y recuerdos de heno, sin grandes cambios en boca. A pesar de que para mi gusto iba un poco justo de acidez, me gustó bastante este vino.
Hoy mismo he descorchado una botella de uno de los tintos que elaboran, Xestal Mencía 2008 (DO Bierzo, tinto con crianza, 100% Mencía, Gancedo Bodegas y Viñedos). Frutos procedentes de viñedos en vaso plantados en suelo franco limoso y algo arcilloso, con una edad de las cepas de 60 a 100 años, con un rendimiento de 1,5-2 Kg/cepa. Vinificación en inox y maloláctica y crianza de 12 meses en barricas de roble francés, para sacar el vino al mercado al menos 5 años después de la vendimia. Mostró un color rubídeo granatoso de capa media, algo opaco. Nariz de intensidad media, que a primer acercamiento mostraba sobre todo aromas de fruta negra madura y tostados, apareciendo luego aromas florales y esos olores tan típicos de la Mencía que recuerdan a la verdura cocida. En boca buena acidez, cuerpo medio, recuerdos frutales y de madera bien conjuntados, y un final algo secante. Me pareció un vino muy bueno, y aun cuando pensaba que ya con 9 años a sus espaldas podría ir justo, creo que aún tiene bastante vida por delante.
He querido dejar para el final el vino que más me ha gustado de los tres. Elaborado a partir de cepas de Doña Blanca a de 60 años y de Godello de 20 años plantadas en suelos arenosos y pedregosos. La Doña Blanca en vaso, con una densidad de 3.800 plantas/Ha y la Godello plantada en espaldera con densidad de 3.000 plantas/ha. Viticultura tradicional, producción de 1-2 kg/cepa y elaboración y posterior crianza de 13 meses en barricas de roble francés. Herencia del Capricho 2009 (DO Bierzo, blanco con crianza, 90% Godello y 10% Doña Blanca; Gancedo Bodegas y Viñedos) viste de un precioso color amarillo dorado con reflejos dorados, intenso y brillante. Buena intensidad y complejidad aromática, con cera de abejas, amielados, fruta blanca muy madura, jazmín, mantequilla dulce... En boca es un vino grado, denso, con una acidez correcta, lleno y largo. Un vino más que interesante, para ir descubriendo matices y disfrutando con él mientras evoluciona en la copa. Me guardo una segunda botella porque creo que puede tener una evolución digna de apreciar.
Vinos buenos e interesantes los de esta bodega, desde los de trago más fácil con Capricho, pasando por una Mencía de calidad y potencial de guarda y un blanco con crianza de tiempo y disfrute. Me gustaría probar el resto del portfolio de la casa.

sábado, 13 de mayo de 2017

Primer Resumen de Burdeos 2010

La añada 2010 fue otra de esas añadas míticas en Burdeos (y ya van no sé cuántas añadas del siglo), con muchos vinos obteniendo altísimas puntuaciones en las revistas de mayor prestigio en el panorama vinícola.
En su día adquirí en avanzada 12 botellas de distintas AOC bordelesas, dentro de lo que mis presupuestos me permiten, y ahora que ya he probado todos los vinos, toca hacer un primer balance.
Descorché la primera botella de Château de La Dauphine 2010 (AOC Fronsac, tinto con crianza, 90% Merlot, 10% Cabernet Franc) allá por febrero de 2014, encontrando un vino de color rubídeo granatoso, de capa media, con una nariz no muy intensa, pero si agradable, licorosa, con frutos negros maduros, algo de cueros y notas florales. En boca se mostró fresco y frutal, con buena acidez, de cuerpo medio y un tanino delicado. La segunda botella tuvo cerca de un año más de evolución, haciéndose más maduro e interesante. Un vino sin grandes complejidades pero muy disfrutable.
El siguiente en hacer su aparición fue Château Grand Village 2010 (AOC Bordeaux Supérieur (Fronsac), tinto con crianza 75% Merlot y 25% Cabernet Franc). También a principios de 2014 vestía de color rubí asomando tonos granate, aromas de fruta roja y negra muy maduras, balsámicos, especiados, notas terrosas y toques de vainilla; en boca fue frutal, buena acidez, algo austero y con un tanino marcado; era aún demasiado joven. Alrededor de un año después, el tanino se había pulido bastante, todo estaba más conjuntado y el vino se disfrutaba mucho más, pero quizás fue de los que menos me entusiasmó.
En octubre de 2014 me atreví a abrir la primera botella de Château Haut-Beauséjour 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois), tinto con crianza, 53% Merlot y 47% Cabernet Sauvignon). Esta primera botella mostró un vino de color granatoso de capa media, con nariz licorosa de fruta roja, viruta de cedro, puntas balsámicas y algo terrosa; en boca  buena acidez, cuerpo medio, agradable y algo secante; necesitaba evolucionar. La segunda botella fue bebida en septiembre de 2015, el color no había cambiado demasiado, y en nariz aparecían pimiento, pimienta, grosellas y las notas balsámicas y de maderas ya comentadas; en boca el vino había ganado en presencia, manteniendo aún una buena acidez y siendo aún algo tánico. Buena evolución, pero me gustaría tener otra botella ya que necesitaba evolucionar aún más.
Ya en marzo de 2016 nos atrevimos con el primer Cru Classé, Château Fonroque 2010 (AOC Saint-Émilion Grand Cru Classé, tinto con crianza, 88% Merlot y 12% Cabernet Franc). De un precioso color cereza con ribete granate, nos regaló aromas intensos de fruta madura, maderas finas, hojarasca y notas de cuero en vueltas con balsámicos en una nariz licorosa; en boca buena acidez, cuerpo medio, frutal y con un final secante de duración media. Me queda una segunda botella que va a reposar aún un buen tiempo.
Para terminar, hace menos de un mes volvimos al Médoc con Château de Pez 2010 (AOC Saint-Estèphe (Cru Bourgeois Exceptionnel), tinto con crianza, 52.5% Cabernet Sauvignon y 47.5% Merlot). De color rojo granatoso, algo apagado, con destellos rubí; nariz de intensidad media, con maderas, fruta roja, tinta china y pimienta, y con un paso por boca sedoso, de buena acidez, muy bien conjuntado y con un final muy agradable de buena duración. Un vino muy rico, ya muy bien para beber, pero que creo que la segunda botella que me queda puede evolucionar hacia un vino muy bueno.
No voy a hablar de la primera botella descorchada de Château Lafleur-Gazin 2010, mi primer Pomerol, ya que tenía TCA, y aunque con un truco que encontré por ahí logré eliminar un poco el pestazo a corcho y el vino en boca apunta muy buenas cosas, no se puede valorar correctamente, así que espero que la siguiente botella no tenga el mismo defecto.
Buenos vinos en general, disfrutables, que necesitan tiempo y paciencia para revelar lo que llevan dentro.

sábado, 15 de abril de 2017

La Bernardine 2009 de Chapoutier

La AOC Châteauneuf-du-Pape comprende unas 3200 Ha de viñedo situado en el sureste de Francia, en la región del Ródano meridional, y en ella se elaboran unos 110000 Hl de vino anualmente. Los viñedos están asentados sobre los famosos "galets" o guijarros de cuarcita que retienen el calor que el sol les aporta durante el día y lo van liberando poco a poco durante la noche, además de ayudar a retener la humedad del suelo. En esta AOC están permitidas hasta 13 castas de uva, siendo las tintas principales Grenache, Syrah, Mourvèdre, Cinsaut, Counoise, Terret Noir, Muscardin y Vaccarèse, y las blancas Clairette, Roussanne, Picpoul, Picardan y Bourboulenc.
Los vinos de Châteauneuf-du-Pape suelen ser vinos potentes, alcohólicos, y de color bien cubierto, y es característica la fermentación de los vinos a altas temperaturas en depósitos de hormigón, y la crianza en este mismo material.
Ya hemos hablado anteriormente aquí de otro vino de la Maison Chapoutier, por lo que no creo que sea necesario volver a entrar en detalles sobre la cantidad de Ha de viñedo que poseen o controlan, sus métodos de cultivo o elaboración, o la extensa gama de vinos que sacan al mercado.
Si el anterior vino que comenté de M. Chapoutier fue un Crozes-Hermitage, en esta ocasión le toca el turno a La Bernardine Châteauneuf-du-Pape 2009 (AOC Châteauneuf-du-Pape, tinto con crianza, Grenache, Syrah, Mourvèdre; M. Chapoutier). Elaborado fundamentalmente con Garnacha (cerca de un 80%), conjuntada con Monastrell y Syrah, las uvas, tras una meticulosa selección, fermentan durante tres semanas a altas temperaturas en depósitos de hormigón, para luego hacer una crianza de 12 a 15 meses en recipientes similares. Nos encontramos con un vino de color rubí granatoso de capa media alta, con una buena intensidad aromática de ciruelas, cerezas, fruta escarchada, violetas, y algunas notas cárnicas y de café. En boca es un vino intenso, potente y con cuerpo, con una acidez muy correcta, aún algo secante y con un final de duración media. Bebido en Abril de 2017, acompañó muy bien a unos quesos potentes.
Me parece un buen vino, serio y potente, pero no acabó de gustarme demasiado; y siendo el segundo vino de esta casa que pruebo, y sin haberme entusiasmado ninguno de los dos, igual es que el estilo de vinos que elaboran no va conmigo. He probado vinos del Ródano de las AOC Crozes Hermitage, Côtes du Rhône o Saint-Joseph de elaboradores como Auguste Clape, Pierre Gonon, Alain Graillot o Domaine de la Janasse, y he disfrutado mucho más con ellos.

sábado, 8 de abril de 2017

Trío de Vinos de La Bodega de Pinoso

La Bodega de Pinoso se constituye como cooperativa en 1932, y a principios de este siglo XXI decide empezar a vender vino embotellado bajo la marca de la cooperativa, al mismo tiempo que empieza su apuesta por la agricultura ecológica, llegando a ser en la actualidad una de las principales productoras de vinos procedentes de agricultura ecológica de la Comunitat Valenciana.
Actualmente, La Bodega de Pinoso dispone de 1700 Ha de viñedo, con una edad media de 25 años, de los cuales más de la mitad están bajo la Normativa Europea de Producción Ecológica. Estos viñedos están repartidos entre los términos municipales de Pinoso, Monóvar, Yecla y Jumilla. Más del 70% de estos viñedos están plantados con la casta autóctona Monastrell, aunque también cultivan otras variedades como Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Garnacha Tintorera, Macabeo, Airén y Sauvignon Blanc. Los suelos son calizos y pobres en materia orgánica, con un clima de tipo continental influenciado por la cercanía del Mar Mediterráneo, caracterizado por la escasez de lluvias (300-400 mm/año) y el alto número de horas de insolación (2.500 – 3.000 horas de sol).
La viticultura y elaboración por las que apuestan en este bodega tienen una serie de características como abonado de las parcelas con estiércol proveniente de ganadería ecológica para mejorar, minimización de labores agrícolas para mantener la estructura del suelo, mantenimiento de la biodiversidad dejando crecer la vegetación espontánea para que sirva como reservorio de la flora y fauna auxiliar, uso de tratamientos preventivos con azufre, cobre y Bacillus Thuringiensis contra la aparición de posibles plagas y enfermedades, utilización de levaduras autóctonas, sustitución de procesos químicos por procesos físicos menos agresivos con el vino, minimización del uso de conservantes disminuyendo al máximo la adición de sulfuroso y trazabilidad y control de todos los vinos ecológicos elaborados.
La bodega elabora un total de 13 vinos, englobados en tres gamas, de los cuales hemos podido probar tres.
Vermador Blanco 2014 (DO Alicante, blanco joven, Airén y Macabeo) se elabora tras maceración pelicular a muy baja temperatura, sangrado por gravedad y fermentación durante 30 días a temperatura controlada. Es un vino de color amarillo pajizo pálido, con reflejos verdosos y algún dorado. Aromas de intensidad media, donde destacan la piel de uva, la manzana y el hinojo, y paso por boca ligero, con una acidez correcta y un punto amargoso al final. Un vino sencillo y ligero, que se bebe bien.
Vermador Rosado 2014 (DO Alicante, rosado 100% Monastrell) se elabora tras maceración en frío durante unas 10 horas, y fermentación de varias semanas a unos 16ºC de temperatura. Tiene un bonito color rojo frambuesa, y despliega en nariz aromas de frambuesa, grosellas, recuerdos de cerezas y toques herbáceos, lejos de los rosados gominola tan frecuentes. En boca es seco, amargoso, frutal y con una acidez correcta. Un rosado que se deja beber, aunque creo que ya había pasado el momento de su mayor disfrute.
El vino top de la bodega se elabora con uvas procedentes de una selección de viñedos en secano con más de cuarenta años de edad con rendimientos por cepa muy bajos. Fermentación controlada en depósitos de acero inoxidable a 28 - 30ºC con constantes remontados y prolongada maceración postfermentativa para pasar a una crianza de 9 meses en barricas nuevas y aun adecuado período de reposo en botella antes de salir al mercado. Pontos 1932 2009 (DO Alicante, tinto con crianza 100% Monastrell) es un vino de color rojo granate en cuyo ribete asoman los tejas. Nariz de intensidad media y cierta complejidad, con fruta negra madura, higos pasos, flores secas, grafito y caramelo. En boca reveló buena acidez, recuerdos bien conjuntados de fruta y madera, cierta potencia, un tanino presente que se mostraba elegante, y un buen final. Un vino muy rico, que gustó mucho en la mesa.
Un inesperado y agradable regalo este trío de vinos locales, de los que destacaría sin duda el Pontos 1932, que podría estar a la altura en cualquier buena mesa con productos de su tierra de origen, como unos buenos embutidos, gachasmigas y arroz de conejo y caracoles.

martes, 14 de febrero de 2017

Por la Bodega del Aldi

Supongo que resultará llamativo que después de dos entradas del blog hablando de vinos del nivel de los anteriores, comente ahora vinos adquiridos en el lineal de un supermercado. Pero aunque no suelo comprar el vino en grandes superficies, sí que de vez en cuando me pica la curiosidad y pruebo vinos, sobre todo internacionales, de los que traen las cadenas de supermercados y ponen a nuestra disposición a precios a veces sospechosamente baratos.
En este caso traigo para compartir con los lectores de este humilde blog cinco vinos adquiridos en la cadena alemana Aldi, de distintos orígenes y variedades, y de los que no me pidáis datos sobre productores, elaboración y demás, ya que estos suelen ser vinos elaborados para esta cadena, y no suelen aparecer en los portfolios de las bodegas.
Empezamos con un blanco, Jean Giner Chardonnay 2015 (IGP Vin Du Pays D'oc, blanco con crianza 100% Chardonnay, Jean Giner), un vino de color amarillo alimonado con algún destello oro pálido; nariz de intensidad media, con cítricos, ahumados, hinojo y flores blancas; en boca tiene buena acidez, con un tenue amargor y es algo graso; nada del otro mundo, pero no está mal.
Otro blanco, en este caso del Nuevo Mundo, fue el Neuseeland Sauvignon Blanc 2015 (Marlborough, Nueva Zelanda, blanco joven 100% Sauvignon Blanc), de color amarillo pálido con reflejos verdosos, mostró aromas comedidos de ciruela claudia, manzana y puntas herbáceas, y en boca es fluido, frutal, con una acidez correcta; lejos de un Sauvignon Blanc serio, pero agradable de beber.
De Alemania viene un tinto, el Dornfelder Trocken Barrique 2014 (Pfalz, tinto con crianza 100% Dornfelder), vestido de color rojo granate con ribete granatoso de capa media alta, con una intensidad aromática media donde aparecían fruta roja ácida, hierbas de monte y tenues recuerdos de la madera de la crianza, y que en boca es fluido, de buena acidez, frutal y fresco. Un vino sencillo, que me sorprendió y me ha gustado.
Seguimos viaje hasta Australia con el Southern Creek Prestige 2015 (SouthEastern Australia, tinto con crianza 100% Shiraz), vino de color rojo rubí de capa baja con ribete rubídeo; aromas de fruta roja, florales, pimienta negra y balsámicos, siendo el conjunto de intensidad media; paso por boca fluido, de buena acidez y con un tanino ligero; en general mejor nariz que boca.
Terminamos de vuelta en la vieja Europa, con un tinto Italiano, el Rubinaia Grande Amoroso 2013 (IGT Puglia, tinto con crianza, Negroamaro y Sangiovese) de color rojo rubí con ribete rubídeo; nariz de poca intensidad, con fruta confitada, lácticos y aromas terrosos; en boca tiene cierto peso, con una acidez justa, algo goloso, no tiene mal sabor, pero llega a cansar.

Cinco vinos de menos de 5 euros, algunos fáciles y agradables de beber, pero que no considero que sea necesario repetir.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Vinos del Grupo Marqués de Murrieta

El pasado día 30 de Noviembre tuvimos la oportunidad de asistir a una de las mejores catas a las que he ido últimamente. Organizada por la Asociación de Sumilleres y Enófilos de la Ciudad de Alicante tuvo lugar en Bodega Selección una cata de algunos de los mejores vinos del grupo Marqués de Murrieta, incluido el recientemente bendecido Castillo Ygay Blanco 1986, al que Luis Gutiérrez otorgó 100 puntos para la publicación de Robert Parker.
La cata estuvo dirigida y comentada por Antonio Barrios, director comercial de Marqués de Murrieta, quien nos transmitió la historia del grupo y su filosofía en cuanto a viticultura y elaboración. Antonio tiene una buena capacidad de conectar con los asistentes, lo que nos permitió debatir sobre temas como los negativos derroteros de las dos principales DO de vinos blancos de España (Rueda y Rías Baixas) o sobre eso que se ha dado en llamar "vinos de autor" o "vinos de alta expresión", que para mí significa: "vamos a coger uvas casi sobremaduras, hacer fuertes extracciones, largas maceraciones y crianzas en madera nueva... y a echarles un chorrito de Cabernet Sauvignon. ¡Voilà, un vino moderno!".
El Castillo de Ygay fue construido por Don Luciano de Murrieta a mediados del siglo XIX, siguiendo el modelo de los Châteaux bordeleses, y allí se empezó a elaborar el primer vino fino de Rioja, Marqués de Murrieta, en 1852, aplicando técnicas bordelesas de elaboración y crianza. La finca Ygay, origen de los vinos riojanos del grupo, tiene unas 300 Ha de viñedo rodeando el castillo, plantado con  Tempranillo, Garnacha, Mazuelo, Graciano, Cabernet Sauvignon y Viura, lo que permite a la bodega un control total de la viticultura, que actualmente es integrada, buscando el máximo respeto por el terruño y con la mínima utilización de tratamientos sistémicos químicos, utilizándose por ejemplo la confusión sexual para el control de plagas. El Pazo de Barrantes está situado en el Valle del Salnés, y es propiedad de la familia del Conde de Creixell desde 1511. La finca cuenta actualmente con 13 Ha de viñedo rodeando el pazo, plantadas en su totalidad con Albariño, y elabora entre 180000 y 200000 botellas.
En 1983, la familia Cebrián, propietaria de Pazo de Barrantes, adquiere la bodega riojana, y nace el grupo Marqués de Murrieta, que elabora actualmente tres tintos, tres blancos y un esquivo rosado de baja producción, además de la nueva estrella Ygay Blanco, que se ha elaborado sólo unas 11 veces en los más de 100 años de historia de la bodega riojana. Para esta cata, Antonio nos presentó 5 vinos, intentando reflejar todo el abanico de estilos que elabora el grupo.
Empezamos con Pazo de Barrantes 2015 (DO Rías Baixas, blanco con reposo con sus lías, 100% Albariño, Pazo de Barrantes). Vendimia manual en cajas de 18 Kg, despalillado, prensado suave y lento, fermentación en inox con temperatura controlada a 10ºC durante 30 días y reposo con sus lías finas durante 3 meses, para ser embotellado tras un suave filtrado. El resultado es un vino de color amarillo pajizo pálido con reflejos color oro claro, muy bonito y brillante, mostrando cierta densidad al agitar la copa. En nariz revela inicialmente piel de manzana reineta, que va dando paso a pera madura, ciruela claudia y albaricoques, y que con tiempo en copa empieza a mostrar el carácter de las lías y a dejar entrever aromas cítricos. En boca es un vino graso, amargoso, frutal, con una acidez viva, que en el postgusto deja largos recuerdos de pera y manzana. Un albariño de corte comercial, pero serio, bien elaborado y muy gastronómico, y que aún necesita al menos un año de botella.
En el orden de cata propuesto por Antonio siguió un tinto, Marqués de Murrieta Reserva 2011 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 89% Tempranillo, 5% Mazuelo, 4% Graciano, 2% Garnacha; Marqués de Murrieta). El vino emblema de la bodega, elaborado tras vendimia manual, despalillado y estrujado, fermentación por separado de cada variedad en inox y con control de temperatura con un encubado de 8 días durante el que se realizan remontados y bazuqueos; prensado suave tras el descube y crianza de 20 meses en barrica de roble americano, siendo al menos 8 meses en barricas nuevas; tras el embotellado, mínimo de 12 meses de crianza antes de salir al mercado. Tenemos un vino de color picota de buena capa, brillante y limpio, con un ribete donde aún asoma el violeta. Aromas de buena intensidad, destacando a copa parada los tostados y las maderas finas, que van dando paso poco a poco a la fruta negra muy madura, café torrefacto, regaliz y balsámicos; tras una buena aireación se va conjuntando y haciendo más elegante. En boca tiene un ataque marcado por la madera, con una buena acidez y un final aún secante, dejando por vía retronasal recuerdos tostados y de fruta madura. Es un vino aún muy joven, que necesita tiempo de botella y mucha aireación para mostrar todos sus detalles. Un buen vino, algo alejado del carácter más clásico de añadas como 2005 y 2006, y que sigue la línea marcada a partir de la añada 2007. Creo que puede evolucionar muy bien.
Pasamos a catar otro blanco nacido en La Rioja, Capellanía 2011 (DOCa Rioja, blanco con crianza, 100% Viura, Marqués de Murrieta). Se elabora con frutos procedentes de la finca Ygay, en una parcela situada a 485 metros de altitud. Vendimia manual, estrujado y prensado, fermentación en inox a 10ºC y crianza de 15 meses en barricas de roble francés nuevo. Viste de color amarillo dorado pálido, muy bonito y brillante. La nariz es fresca, rica en fruta de hueso, fruta blanca muy madura y notas ahumadas. El paso por boca es fresco, algo graso, mínimamente secante y con un final muy agradable. Me pareció un gran Capellanía, menos complejo y menos marcado por la crianza que añadas anteriores como 2005 y 2006. Un cambio de estilo que comenté con Antonio, y con el que estuvo de acuerdo, aclarándome que se debe sobre todo a un cambio de barricas. Creo que es un paso hacia un estilo más comercial, que indudablemente abre el abanico de potenciales consumidores, quizá a cambio de perder algo de la personalidad que tenía. De nuevo, un vino muy de comer.
El siguiente vino es el resultado del interés del grupo en elaborar un vino de corte más moderno, más en la línea de los anteriormente mencionados "vinos de autor". Con frutos procedentes del pago Canajas, viñedos centenarios de la Finca Ygay plantados en suelos arcillo-calcáreos a 465 metros de altitud, y tras aclareo de racimos que limita la producción a 1 Kg por planta y con estricta selección, se elabora Dalmau 2012 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 70% Tempranillo, 155 Cabernet Sauvignon, 15% Graciano; Marqués de Murrieta). De nuevo vendimia manual, fermentación de cada variedad por separado durante 11 días, el Tempranillo en depósitos pequeños de acero y el Graciano y el Cabernet en pequeños tinos de roble, y crianza de 19 meses en barricas nuevas de roble francés Allier. Con estos mimbres se teje un vino de color picota muy cubierto e intenso, con bonito ribete rubí. Nariz intensa, con aromas de madera de cedro, pimienta negra, fruta más roja que negra, incienso y recuerdos de cantos rodados. En boca es seco, con una acidez muy viva, tanino potente, buena presencia de fruta en retronasal, denso e intenso, con un final elegante. Muy bonita evolución en copa hacia aromas de toffee y café con leche. Un vino de calidad, con mucha presencia, potente, que creo que maridaría muy bien con caza de pelo y con chocolate con sal, y que con años de botella puede evolucionar hacia una complejidad muy interesante.
Terminamos la sesión con la vedette principal de la noche, el vino que todos queríamos probar, al que acababan de premiar con esos 100 puntos, lo que lo ha puesto en boca de todos, y que ha hecho que su precio sea inalcanzable para la mayoría de los mortales. Las uvas proceden del pago Capellanía, situado en la finca Ygay, a unos 485 metros de altitud. La vendimia tuvo lugar en los primeros días de Octubre y fue lenta y progresiva, buscando siempre la óptima madurez de la uva, que mostraba para la Viura una elevada acidez y una graduación potencial de 13,5º. Los racimos enteros fueron estrujados y posteriormente prensados en prensa vertical de doble husillo, para posteriormente fermentar en tinos de roble americano. Reposó guardado en las profundidades de la bodega durante 252 meses en barricas de roble americano, y posteriormente durante 67 meses en depósitos de hormigón, para ser embotellado finalmente en Enero de 2014. Se elaboraron sólo 8125 botellas de Castillo Ygay Blanco 1986 (DOCa Rioja, blanco con crianza, 97% Viura, 2% Malvasía; Marqués de Murrieta). Este vino, ya de leyenda, tiene un color amarillo alimonado intenso muy bonito, con preciosos reflejos color oro; ya te conquista por la vista. Al acercar la copa a la nariz sin agitación previa, aromas yodados y tostados que se despliegan con elegancia; tras agitar van apareciendo amielados, flores secas, avellanas, frutas blancas, y tras ir evolucionando en copa, especiados. Al probar el vino, la sorpresa en forma de acidez tremendamente viva y cítrica, inesperada para mí en un vino sometido a esta crianza; despliegue de frutas, grasa, densidad; llena completamente la boca y se queda durante mucho mucho tiempo, dejando aparecer incluso al final algunos anisados. Yo no sé de puntuaciones, ni sé lo que es un vino perfecto, pero sí sé que este Castillo Ygay Blanco 1986 es una maravilla de vino, espectacular, que necesita años de botella para desplegar todo el potencial que tiene, que creo que puede evolucionar hacia una deliciosa aparición de miel, orejones y demás. Sencillamente impresionante.
Una gran sesión de cata, en la que disfrutamos de muy buenos vinos, muchos de ellos aún en pañales y necesitados de tiempo de botella, y de un vino de quitarse el sombrero, que me gustaría poder volver a probar dentro de unos 10 años. Gracias a Antonio Barrios por dirigir la cata y hacerla instructiva, entretenida y favorecer un dialogo enriquecedor.