martes, 26 de agosto de 2014

Visitando Adega Moraima

Si tuviese que resumir en una sola palabra mi visita del otro día a Adega Moraima, sin duda sería Viñedo. Y es que la principal preocupación de los socios de esta cooperativa es un viñedo sano, en buenas condiciones y procurando rescatar y mantener viejos viñedos prefiloxéricos dispersos por la zona.
Viña Moraima S. Coop. Galega es una pequeña cooperativa que nace en el año 2006. Actualmente está formada por un total de 12 socios que cuentan con unas 9 Ha de viñedo localizado en la parte alta de la comarca del Salnés, lo que les permite tener viñedos en laderas, con más insolación y muy buenas condiciones para una uva sana y de calidad. Varios de los socios tienen una tradición viticultora familiar que llega a ser centenaria, y actualmente están adscritos a la producción integrada, utilizando los mínimos tratamientos sistémicos posibles y con patrones como respeto a la capa vegetal natural del suelo. En bodega, se hace uso de la tecnología pero con el mayor respeto a la uva, intentando extraer de ella todas sus características varietales y de terroir.
La mayor parte de la visita, de la mano de Gonzalo y Diego, consistió en recorrer los viñedos. Viñedos muy viejos de Albariño, de escasa producción y alta calidad, junto con algunos viñedos en pie franco de Caíño y de Ratiño, una variedad con la que están empezando a trabajar. Mimo exquisito a la viña y selección de racimos en el propio viñedo para una producción total de unas 50.000 botellas de Albariño, aunque recientemente han embotellado su primera añada de Caíño Tinto. En Moraima se elaboran fundamentalmente dos marcas de vino 100% Albariño. Tras la selección en viñedo, despalillado, maceración en frío y separación del mosto flor para la primera marca, destinando el resto a la segunda marca de la bodega.
Junto con Gonzalo y Diego, a los que se unió Javier, el presidente de la cooperativa, y con la compañía de Alfonso, distribuidor en Bruselas, pudimos catar los dos vinos 100% Albariño que elaboran, así como el recién embotellado Caíño Tinto.
Aba de Trasumia 2013 (DO Rías Baixas, blanco joven 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora tras maceración pelicular de unas 5 horas a 6ºC con fermentación en acero inoxidable durante 14 días a 16ºC y un filtrado suave antes del embotellado. El resultado es un vino de color amarillo pálido con reflejos acerados. Tiene una nariz de intensidad media, con manzana, flores blancas y fruta de hueso. En su paso por boca muestra una buena acidez, es fresco, con un amargor y una mineralidad final muy agradables. Me pareció un vino de chateo, sin grandes cosas destacables, pero agradable.
Moraima 2013 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora sometiendo a las uvas a una maceración pelicular a 6ºC durante unas 7 horas tras el despalillado, con fermentación en inox a 6ºC durante 14 días y posterior reposo con sus lías durante unos 4 meses; filtrado suave antes de embotellar. Es un vino de color amarillo alimonado, con una nariz franca y de buena intensidad, que muestra fruta de hueso, piel de manzana reineta, alguna nota de miel tenue, recuerdo del reposo con sus lías y un deje de pedernal. En boca se revela fresco, frutal, graso, llenando la boca y con un final amargoso muy agradable que le da una persistencia larga. Me pareció un muy buen vino y con capacidad de una evolución interesante, como demostró la botella de Moraima 2012 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) que se sacó de la manga Diego. Este año más de botella ha hecho que nos encontremos con un vino de color amarillo dorado con reflejos dorados, precioso. Nariz de buena intensidad, elegante, con miel, cera, fruta muy madura, y claras notas cítricas. En boca se reveló lleno, con una acidez fresca, untuoso, amargoso y frutal, nuevamente con una muy buena persistencia. Una fantástica evolución para un muy buen vino.
Terminamos la cata probando el recién embotellado Moraima Caíño 2013 (DO Rías Baixas, tinto joven 100% Caíño Tinto, Adega Moraima). Tiene un precioso color rojo cereza de capa baja. Extraños aromas de reducción al principio, que nos obligaron a una buena aireación, para dejar salir su personalidad de bosque, matorral y fruta ácida. En boca tiene esa acidez viva típica de estos vinos, siendo ligero y frutal y mínimamente secante al final. No son vinos para todos los gustos, pero de este me bebería botellas.
Estamos ante otro ejemplo de que existe y se debe potenciar otra forma de hacer vino en las Rías Baixas. Producciones bajas, mimo en la viña, respeto a lo que la tierra nos brinda, y calidad por encima de cantidad. Desde luego Moraima es un vino serio, para descubrir sus matices y para seguir su evolución, y el Caíño, el primero que pruebo sin paso por barrica, es de los de sentarse a charlar y beber una copa tras otra.
Gracias a Gonzalo, Diego, Javier y Alfonso por una mañana más que agradable, de disfrutar y aprender.

jueves, 14 de agosto de 2014

De Tintos por Zárate

Como ya he comentado alguna vez aquí, la comarca del Salnés ha sido históricamente zona de producción de vinos tintos, siendo los blancos, fundamentalmente de Albariño, relativamente recientes (unos 50 o 60 años). Ahora, algunas bodegas están volviendo sus ojos a esas castas más o menos autóctonas y casi olvidadas por aquellos que buscan la venta de miles de botellas de vino dejando de lado la calidad, la tipicidad y la historia. Así, Loureiro Tinto, Caíño Tinto, Espadeiro y otras, empiezan a resurgir de la mano de algunos apasionados que escuchan de forma habitual "Y si ya vendes bien el albariño, ¿para qué te vas a meter en líos?"
Con la idea en mente de probar algunos de estos tintos, José Luis Louzán y yo pusimos rumbo a una de las bodegas que desde hace algunas añadas empiezan a trabajar bien con estas variedades, y donde además siempre somos bien recibidos y mejor tratados.
También hemos hablado ya aquí de Bodegas Zárate. Una bodega que ha creado parte de la historia de la DO Rías Baixas, y cuya tradición vinícola se remonta a 1707 de la mano de Diego Zárate y Murga,  Primer Marqués de Montesacro por Decreto de Felipe V. Ernesto Zárate fue el fundador de la Fiesta del albariño de Cambados, y después de 7 generaciones, la familia Zárate continúa cuidando los viñedos familiares y elaborando vino.
Actualmente, el encargado de mantener la tradición familiar es Eulogio Pomares, un enófilo convencido de que el vino se hace en la viña. Reducción al mínimo de productos químicos de síntesis, uso de algunos elementos de la biodinámica y mantenimiento de la cubierta natural, son entre otros los responsables de la calidad y diferenciación de los vinos de Zárate.
Hablar con Eulogio es siempre una delicia. Escuchar de boca de quien forma parte por herencia de la historia vinícola de esta región cómo trabajan las viñas, cómo elaboran sus vinos, y qué podemos encontrar en cada copa, es motivo para regresar a Meaño una y otra vez.
Como ya dije, en esta ocasión llevábamos la idea de dejar de lado esas maravillas blancas que elabora, e íbamos directamente a por los tintos. Eulogio nos contó un poco de historia, de como allá por los años 50 las grandes cooperativas dijeron a los agricultores que si querían seguir vendiendo uva, debían arrancar esas cepas tintas y plantar albariño. Nos explicó como y cuando han replantado ellos parte de sus fincas con Loureiro, Caíño y Espadeiro, y como han logrado mantener algunos pequeños viñedos viejos de Caíño y Loureiro que escaparon a la fiebre del albariño.
En Zárate se elaboran ahora 3 tintos monovarietales, Loureiro Tinto, Caíño Tinto y Espadeiro, de los cuales pudimos probar los dos primeros. Zárate Caíño Tinto 2011 se elaboró tras vendimia manual y selección en el mismo viñedo, que tiene una edad media de 60 años. Las uvas se pisaron sin despalillar en un tino de roble abierto, donde tiene lugar la fermentación, para luego hacer una maceración larga de 4 semanas con un pigeage diario. Posteriormente, maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de roble francés de tercer año para pasar a ser embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 1250 botellas. El resultado es un vino de bonito color apicotado, de capa media, brillante. Nariz intensa marcada por los aromas de bosque, frutales y de hierba, con notas mentoladas. En boca destaca una acidez viva, un paso muy fluido y una tanicidad algo marcada aún, que a alguno puede echar algo para atrás, pero que junto con la acidez le da una gran personalidad al vino.
El Zárate Loureiro Tinto 2011 inicia su vida de forma parecida, con vendimia manual y selección en viña, con viñedos de una edad media de 60 años. En este caso, las uvas se despalillan y fermentan en una tina de acero inoxidable abierta, y luego se realiza durante 4 semanas un pigeage diario. Maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de 500 litros de roble francés, y embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 600 botellas. En copa muestra un color picota brillante, de capa media, muy atractivo. Nariz marcada por las hierbas de monte, laurel, eucalipto y notas frutales. En boca de nuevo una acidez vivísima, buena tanicidad y un paso fresco y alegre, con una muy notable persistencia.
En resumen, dos vinos de marcado carácter atlántico, de disfrute temprano aunque con cierto potencial de mejora en botella, de los que hacen sonreír y beberse una copa tras otra.
Gracias nuevamente a Eulogio y Rebeca por la amabilidad y la simpatía que tienen conmigo cada vez que me acerco a la bodega, y a José Luis Louzán por hacer que tanto esta parte del día, como el resto, conformaran una maravillosa jornada.

domingo, 3 de agosto de 2014

Dejad que los Niños se Acerquen al Vino

Ya hace tiempo que le vengo dando vueltas a este tema, y tras una conversación hace un par de días con José Luis Louzán, me he decidido a ponerlo por escrito.
Mucho se habla por todas partes de la cultura del vino, de recuperar la cultura del vino, de que los jóvenes no beben vino.. Y por otro lado no dejamos de ver en los medios imágenes de jóvenes imberbes en estados lamentables a base de combinados de licores de 40º o más bebidos en cantidades que me harían palidecer hasta a mi.
¿Cómo conjuntamos una cosa con otra? Pues haciendo que beber vino deje de ser un tabú y que vuelva a formar parte de la vida diaria de las familias y los chavales. Y me explico.
En mi casa, desde que tengo memoria, siempre había vino. A granel, si, pero siempre había una garrafa de blanco y una de tinto, amén de una cajita de cervezas. No recuerdo en aquella época de mi niñez y adolescencia ver a mi padre comer con agua. Y mucho menos a mi abuelo, con aquella jarra que ponía "Deus fixo a muller e dixo: hai que roela". Por lo tanto, el vino formaba parte de mi vida diaria. Ver a alguien beber vino era lo normal.
Los que ya tenemos cierta edad, hemos sido iniciados en los sabores del vino desde niños. No pasaba nada porque un padre o una madre diese a probar un sorbito de vino al crío. Nadie se escandalizaba porque una niña bebiese "rosadito" (vino con gaseosa). Desde niños mi abuela nos daba de merendar muchas veces sopas de caballo cansado (pan duro remojado en vino y espolvoreado con azúcar).
Nadie de mi núcleo familiar es alcohólico, y a todos nos gusta disfrutar de un buen vino con la comida.
Todo esto me lleva a dos reflexiones. En primer lugar, el ver el consumo de vino como algo cotidiano y normal puede hacer que de adultos sigamos esas costumbres aprendidas en casa y hagamos del vino la bebida que acompaña nuestras comidas. Por otro lado, nada excita más la curiosidad de un adolescente que lo prohibido. Un adolescente que ve a sus mayores consumir vino, u otras bebidas alcohólicas, con moderación y responsabilidad, no buscará eso como seña de rebeldía. "Si es lo que hacen mis viejos, eso no mola para estar con los colegas".
Creo sinceramente que si desterramos esos falsos puritanismos y dejamos que el contacto con el vino tenga lugar bajo tutela familiar responsable, y desde edades tempranas, es mucho más probable que de adulto esa persona siga consumiendo vino y haciéndolo con moderación.

La imagen está tomada del blog de Uvinum.

lunes, 2 de junio de 2014

Dos Vinos de Supermercado

Alejado temporalmente de mi vinoteca, he dado estos días una oportunidad a vinos de los que podemos encontrar en las estanterías del supermercado. No hipermercado ni grandes almacenes, supermercado.
El primero de ellos fue un crianza riojano que me llamó la atención por su precio y por su nombre, que refleja fielmente lo que son últimamente mis conversaciones. Monólogo Crianza 2010 (DOCa Rioja, tinto con crianza 100% Tempranillo, Bodegas Solar Viejo) tiene un color rubídeo con ribete granatoso, mínimamente opaco. Nariz de intensidad media, con la vainilla en primer plano recordando los 12 meses pasados en roble americano, moras y un carácter licoroso y balsámico. En boca tiene un punto dulzón, es frutal, de cuerpo medio, algo justo de acidez y con un tanino muy suave. Bebible para acompañar un tapeo pero sin entusiasmar en absoluto.
El segundo vino probado estos días me gustó bastante más. El ensamblaje varietal y la presencia de la botella me decidieron a traérmelo a casa. La Estacada Syrah-Merlot 2011 (DO Uclés, tinto con crianza, Syrah y Merlot, Finca La Estacada) se elabora con una proporción mayoritaria de Syrah y tiene una crianza de 8 a 10 meses en barrica nueva de roble francés y 4 meses en botella antes de salir al mercado. Tiene un bonito color rubí granatoso con ribete aún amoratado. Aromas de buena intensidad a fruta madura y caramelo, con notas cárnicas y punto balsámico. En boca se reveló ligero, algo justo de acidez, muy frutal y con un tanino sedoso. No es el vino del siglo, pero me gustó bastante.
No han sido estos dos hallazgos para anunciar a bombo y platillo, pero sobre todo el vino castellano da buen juego por su precio.

sábado, 24 de mayo de 2014

Hostelería y Producto Local

Ya que últimamente tengo poco que comentar acerca de vinos probados, catas y degustaciones a las que hace que no asisto, restaurantes nuevos u otros temas similares, he decidido escribir sobre un tema que ya hace que me ronda la cabeza.
Hace algún tiempo leí acerca de una iniciativa de hosteleros arousanos con la que pretenden recuperar la costumbre del chateo. El plan es ofrecer en varios locales, un chato de vino y una tapa por un precio muy asequible. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando veo el vino elegido: "un Rioja". Y ya empezamos, vuelta la burra al trigo.
Desde hace tiempo vengo defendiendo que uno de los principales puntales, si no el más importante, de la promoción y difusión del producto autóctono es la hostelería. Son quienes llegan a más clientes directos y quienes tienen más en sus manos el poder dar a conocer productos y elaboraciones locales o regionales poco conocidas fuera de su tierra.
Cuando los visitantes van a comer a un local en Arousa, no suelen pedir chuletón de Ávila, sino almejas de Carril. Un turista gastronómico en Galicia espera disfrutar de buenos pescados y mariscos, quizá ternera gallega, pero no va buscando espárragos de Navarra. ¿Por qué entonces cuando ese visitante pide un vino se le ofrece, casi invariablemente, un Rioja o un Ribera? Si tiene suerte y anda por las Rías Baixas, se le ofrecerá un "Albariño" habitualmente genérico y de calidad justa. Y si ya está en un local muy "especializado" se le permitirá también elegir un "Mencía". Locales etiquetados por sus propietarios como "Vinotecas" no ofrecen más que estas opciones. Y si preguntas de dónde es el tal Mencía, empiezan las caras de sorpresa.
Entiendo que el hostelero y restaurador está para vender, pero creo que no es serio que teniendo buenos tintos gallegos, algunos de precio muy asequible, se elija para una iniciativa como la mencionada, un vino de la DOCa Rioja.
Y esto no me ha pasado sólo en Galicia. Hace poco, en un restaurante de Girona, fue imposible beber un vino local, o siquiera regional, que nos resultara mínimamente atractivo.
Señores hosteleros y restauradores, son ustedes muchas veces el primer y único contacto de quienes visitan su tierra con el producto que este terruño puede ofrecer. Promociónenlo, denlo a conocer, alaben sus virtudes. Tengan, sí, una bala conocida en la recámara para el recalcitrante que es como el que viaja a la India y busca una tortilla de patatas, pero ayuden a que quienes queremos probar y disfrutar de las bondades de los alimentos y vinos locales podamos hacerlo.

sábado, 15 de marzo de 2014

Cata- Degustación Marzo 2014

Después de bastante tiempo, he vuelto a asistir a unas de las degustaciones mensuales que tienen lugar en Bodega Selección de Alicante. Bastante gente y buen ambiente aprovechando la oferta de pinchos y raciones de buen material que ofrecen para acompañar los vinos.
A pesar de que la cosa no prometía grandes alegrías, me acerqué de inicio a la sección de blancos, para probar las últimas añadas de los básicos de Javier Sanz y del rosado de Palacio de Sada. Empecé con el Villa Narcisa Sauvignon Blanc 2013 (DO Rueda, blanco con reposo sobre lías 100% Sauvignon Blanc, Javier Sanz Viticultor), de color amarillo muy pálido con reflejos acerados; nariz de intensidad media, con lichis y fruta tropical madura; en boca glicérico, de buena acidez y punto amargoso; se bebe, nada más. Del mismo elaborador, el Villa Narcisa Verdejo 2013 (blanco con reposo sobre lías 100% Verdejo, Javier Sanz Viticultor) vestía de un color amarillo algo más subido que el anterior; nariz con recuerdos de fruta blanca y tropical y paso por boca con acidez correcta, amargoso y con un punto herbáceo; perfectamente prescindible. El rosado que probé fue el Palacio de Sada Rosado 2013 (DO Navarra, rosado 100% Garnacha, Bodega de Sada), de color rojo frambuesa muy bonito; aromas de golosinas y frutillos rojos y en boca frutal, goloso pero justito de acidez; he probado mejores añadas de este vino.
En cuanto a espumosos, poca cosa que me apeteciera probar de nuevo, y sólo me decidí por el cava Casteller Brut Rosado (DO Cava, espumoso rosado 100% Trepat, Covides), que mostraba un color rosa asalmonado con burbuja un tanto irregular; aromas muy agradables de frutos rojos y notas vegetales, y paso por boca frutal, con un punto dulzón y carbónico bien marcado; agradable.
Pasamos ya a los tintos, y concretamente a La Rioja, empezando con un Jaldún Crianza 2010 (DOCa Rioja, tinto crianza 100% Tempranillo, Bodegas Jaldún), que mostraba un color rubí con ribete rubídeo; nariz marcando fruta madura, vainilla y notas ahumadas; en boca fresco, ligero, algo secante y con una sensación hueca al final; mejor nariz que boca sin duda. Seguimos con Melgares Crianza 2011 (DOCa Rioja, tinto con crianza 100% Tempranillo, Bodegas Alabanza), de color rubí granatoso; aromas de vainilla, maderas y fruta negra; suave en boca, con una acidez justita y un tanino muy dulce; rico sin ser nada espectacular. Rumbo a Navarra para probar el Palacio de Sada Garnacha Tinto Joven 2012 (DO Navarra, tinto joven 100% garnacha, Bodega de Sada), que mostraba un intenso color picota de ribete amoratado; en nariz frutas dulces, nota animal y punto especiado; en boca frutal, potente, buena acidez y tanino marcado; un buen vino que necesita un poco más de botella. Sin salir de la comunidad foral, un vino que ni sabía de su existencia, Castillo de Monjardín Pinot Noir Viñas Viejas 2011 (DO Navarra, tinto con crianza 100% Pinot Noir, Castillo de Monjardín), de color rubídeo granatoso de capa baja; muestra en nariz aromas de fruta negra, cueros y otras notas animales junto con algo de violetas; en boca ligero, suave, acidez justa y tanino delicado; no es un Pinot borgoñón pero me ha gustado.
Nos acercamos al mediterráneo para probar un par de tintos jumillanos. Pío del Ramo Roble 2011 (DO Jumilla, tinto roble, 60% Monastrell, 25% Syrah, 15% Cabernet Sauvignon; Pío del Ramo) tiene un color rubídeo de ribete rubí; nariz licorosa, con algún barniz y fruta madura roja y negra; en boca es frutal, suave y bastante redondo; se bebe muy bien. El hermano mayor es el Pío del Ramo Crianza 2010 (DO Jumilla, tinto con crianza, 60% Monastrell, 15% Petit Verdot, 15% Syrah, 10% Cabernet Sauvignon; Pío del Ramo) que muestra un color apicotado con ribetes rubídeos; aromas de frutos negros, madera y especiados; paso por boca goloso, frutal, suave y con un tanino dulce; golosón pero bebible. Ricos estos jumillanos, no aptos para los que huyen de la golosidad de algunos vinos mediterráneos.
Ya para terminar, los mejores vinos tintos de la sesión, y un dulce muy interesante. Manjar de Silos 2006 (DO Ribera del Duero, tinto con crianza 100% Tempranillo, Uvaguilera) es un vino de intenso color granatoso con ribetes granate; nariz potente y compleja, con fruta negra, ahumados, sotobosque y notas especiadas;  paso por boca suave, con buena acidez, frutal y con un tanino muy elegante; un gran vino que me gusta mucho. El cierre a los tintos lo puso el Castillo Ygay 2005 (DOCa Rioja, tinto con crianza 89% Tempranillo y 11% Mazuelo; Marqués de Murrieta), de color granate con ribete granatoso; nariz elegante y compleja, con maderas finas, frutos negros, cuero, flores secas y cenizas; de buen cuerpo, con acidez viva, frutal y elegante pero muy tánico aún; sin duda un gran vino necesitado de una buena guarda.
Cerramos con un dulce también desconocido para mi, el Javier Sanz V Dulce de Invierno (DO Rueda, blanco dulce de vendimia tardía 80% Verdejo, 20% Moscatel; Javier Sanz Viticultor), que muestra un bonito color amarillo pajizo con ribetes dorados; nariz con recuerdos de miel, orejones, ceras y piel de uva; en boca glicérico, con un dulzor nada empalagoso que se compaña de un tenue amargor; un dulce muy curioso y rico.
Agradable sesión de degustación ayer, con buena compañía, y con interesantes descubrimientos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Empezando con Burdeos 2010

Después de un largo parón debido a motivos que no viene a cuento airear aquí, retomo un poco la actividad del blog comentando mi primer acercamiento a los vinos bordeleses de la añada 2010 que compré en avanzada.
A pesar de que me han recomendado encarecidamente tener paciencia y guardar más tiempo, me han podido las ganas y he empezado a descorchar botellas. Como había previsto, comenzando por los vinos con menor o ninguna aportación de Cabernet Sauvignon, y de menor clasificación.
A pesar de sus tres siglos de historia, Château de La Dauphine es actualmente un moderno château con unas 35 Ha de viñedo perteneciente a la denominación Fronsac. Adquirido por Jean Halley a la familia Moueix en 2000, se han invertido cerca de 10 millones de euros en renovarlo por completo. Elaboran tres vinos, todos ellos tintos, siendo el que nos ocupa el grand vin de la casa. Uvas procedentes de un total de 31 ha de viñedo con una edad media de 30 años, doble selección en mesa antes y después del despalillado, fermentación alcohólica a 26ºC durante 30 días y maceración de 35 días para dar paso a una maloláctica parcial en barricas y una posterior crianza de 12 meses en barricas de roble, de las cuales un 30% son nuevas. Château de La Dauphine 2010 (AOC Fronsac, tinto con crianza, 90% Merlot, 10% Cabernet Franc, Château de La Dauphine) es un vino de color rubídeo granatoso con ribete rubí, de capa media. La nariz no es muy intensa, pero si agradable, licorosa, con frutos negros maduros, algo de cueros y notas florales. En boca se reveló fresco y frutal, con buena acidez, de cuerpo medio y un tanino delicado, dejando un agradable final.
El Château Grand Village está localizado también en la orilla derecha, cerca de Fronsac. Ha pertenecido a la misma familia desde el siglo XVII, y desde el año 2000 la elaboración de los vinos está en manos de la familia Guinaudeau. 17 Ha de viñedo clasificado como Bordeaux Superieur, y plantado con Cabernet Franc y Merlot, aunque hay un pequeño viñedo con Sauvignon Blanc y Semillon con el que elaboran su vino blanco. Vendimia manual, cuidadosa selección en mesa y crianza de 12 meses con un 20% de barricas nuevas hacen que vea la luz el Château Grand Village 2010 (AOC Bordeaux Supérieur (Fronsac), tinto con crianza, 75% Merlot, 25% Cabernet Franc; Château Grand Village). Viste de color rubí asomando tonos granate. En nariz encontramos fruta roja y negra muy madura, balsámicos y especiados suaves, notas terrosas y toques de vainilla; una nariz muy interesante. En boca es frutal, de buena acidez, algo austero y con un tanino marcado, quizá aún demasiado joven.
Dos vinos con una buena RCP al menos comprados en avanzada, con un Grand Village necesitado de un poco más de botella para limar esos taninos y acabar de redondearse, y un La Dauphine ya muy disfrutable, sencillo pero que puede desarrollar más con el tiempo.