domingo, 19 de octubre de 2014

Curso de Quesos del Mundo y sus Maridajes (II)

El viernes pasado asistimos en Bodega Selección de Alicante a la segunda jornada del curso de quesos del mundo y sus maridajes. En esta ocasión la propuesta fue viajar al norte de España para probar quesos de Galicia, Asturias, Navarra y Castilla León, con un invitado especial de las islas Baleares. Así, probamos un queso de tetilla gallego (leche de vaca, pasta blanda), un queso zamorano (curado, leche de oveja), Idiazábal (Navarra, curado y ahumado de leche de oveja), Cabrales (queso azul, Picos de Europa) y un balear queso de Mahón (leche de vaca, pasta prensada).
Para explorar el maridaje con los quesos se nos presentaron 4 vinos. Divinus 2006 (DO Pago Guijoso, blanco con crianza 1005 Chardonnay, Sánchez-Muliterno) es un vino de color amarillo dorado, con una nariz rebosante de ahumados y frutos secos, que dejaba aparecer algo de fruta en segundo plano, con alguna nota de oxidación, y que en boca se mostró seco, con una acidez correcta, alguna nota cítrica de pomelo y de nuevo frutos secos; no es un vino que me entusiasme, al menos no con esta edad. El rosado de la sesión fue el Parató Rosado 2013, un rosado de Pinot Noir del que ya hablamos en una anterior entrada. Galicia estuvo representada por la Ribeira Sacra, con el Regina Expresión 2009 (DO Ribeira Sacra, tinto con crianza 100% Mencía, Regina Viarum), de color picota de capa alta, algo apagado, con ribete granatoso; en nariz torrefactos, fruta muy madura y algún barniz, y en boca secante, marcando las notas ahumadas; no me entusiasma este vino. La región levantina estuvo representada por un tinto jumillano, Equilibrio 4 2013 (DO Jumilla, tinto roble 100% Monastrell, Bodegas Sierra Norte), con un color picota brillante muy bonito, con ribete violáceo; floral, fruta muy madura y quizá algo de regaliz, y en boca amargos, seco, frutal y de buena acidez; está bien sin ser espectacular. Y ya pensando en el cabrales, teníamos un generoso, Aranda Cream (DO Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry - Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda - Vinagre de Jerez; generoso dulce, Palomino y Pedro Ximénez, Álvaro Domecq), vino de color ámbar oscuro de capa baja, con una nariz punzante, plena de yodados y avellanas tostadas y con un buen dulzor en boca, pero nada empalagoso, marcando la parte de fino que tiene.
El Chardonnay fue el vino propuesto para maridar con el queso de tetilla, pero en mi opinión la potencia del vino se lleva por delante al queso, aunque al final dejan en boca una sensación agradable. Con el queso de Mahón se resalta la acidez del vino y se llevan muy bien; rica combinación. La unión con el queso zamorano resulta en un encuentro potente pero agradable, igual no para todos los paladares, pero que a mi me ha gustado mucho. Con el Idiazábal de nuevo una conjunción potente, pero el ahumado del queso no me va muy bien con el ahumado del vino.
Pasamos a probar los maridajes con el Pinot Noir vinificado en rosado. El tetilla y el rosado catalán se llevaron bien, frutosidad + grasa que se conjuntan y donde la acidez del vino limpia la boca para otro bocado; bien. Con el queso balear, se crea un agradable amargor en boca, con una buena conjunción de frutosidad y sabor del queso, me gustó. El queso de Zamora es muy potente para este vino, se desvirtúan los dos, no se llevan bien. Con el queso navarro, de nuevo potencia y ahumados del queso que hacen desagradable el vino; no.
El tinto gallego se propuso como complemento al queso zamorano. Con el tetilla, el vino hace que el queso desaparezca totalmente, no hay color. Con el queso de Mahón se dejan querer, pero no es una combinación que yo elegiría. Bien con el queso para el que se había escogido, el de Zamora, buena potenciación de sabores y persistencia. No está mal con el Idiazábal, pero se potencian mucho los ahumados del queso; se deja combinar pero nada más.
El último vino tranquilo, el Monastrell jumillano, era el propuesto para el queso de Idiazábal. Con el queso de tetilla no combinan para nada, mucho amargor en boca y desaparición del queso; definitivamente no. La cosa mejora algo con el queso de Mahón, pero siguen apareciendo unos amargores desagradables. No me entusiasmó la combinación con el queso zamorano, aunque mejoran algo las sensaciones en boca al cabo de un rato. Bastante bien con el queso de Idiazábal, los ahumados del queso hacen resaltar la fruta del vino; bien.
Por último, esa maravilla de queso que es el Cabrales. En este caso un Cabrales artesano que estaba sencillamente delicioso y del que no me pude resistir a traerme a casa un par de cuñas. Ni intentar maridarlo con otro vino, así que fuimos directamente a por el Cream, y el resultado fue fantástico para mi gusto; al ser un vino algo más seco que por ejemplo un Pedro Ximénez, se conjuntaba muy bien con el queso, y aunque se mantenía la potencia del Cabrales, la texturas y sabor en boca eran deliciosos. Muy buena recomendación.
Muy interesante sesión, con mejores quesos que vinos e interesantes resultados de armonías.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Mi Primer Barolo

Barolo es una de las DOCG más conocidas y famosas de Italia, y debe su nombre a la familia Falletti, marqueses de Barolo, que iniciaron en sus viñedos la producción de este vino. Localizada en la región del Piamonte, al sudeste de Alba, el territorio de Barolo comprende 11 municipios y los vinos acogidos a esta DOCG se elaboran exclusivamente con la casta Nebbiolo.
Para muchos, el Barolo es el mejor vino de Italia, y la Nebbiolo la variedad de uva con mayor entidad de ese país. Tradicionalmente eran vinos con elevada acidez y tanicidad, elaborados mediante largas fermentaciones y maceraciones, con períodos de crianza de cinco o más años en viejos toneles, y necesitaban al menos 10 años en botella para poder disfrutarse. Actualmente, los elaboradores llamados innovadores elaboran su vino con fermentaciones y maceraciones más cortas, potencian el uso de barricas pequeñas y un embotellado más precoz, con el resultado de unos vinos más afrutados y de disfrute más temprano.
La historia de la bodega Marchesi di Barolo se origina en 1807, y está directamente relacionada con la de la propia familia Falletti. Las instalaciones de la bodega histórica se encuentran en la ciudad de Barolo, en un edificio con vistas al Castillo del Marqués Falletti. Actualmente en manos de la quinta generación de la familia Abbona, Marchesi di Barolo controla aproximadamente 120 Ha de viñedos y produce vinos de las principales variedades autóctonas de Langhe, Roero y Monferrato. En su catálogo encontramos 10 gamas de vinos, que engloban Barolo, Barbaresco, Barbera d’Alba, Dolcetto d’Alba, Langhe y otros.
El vino que he podido disfrutar, y que casualmente había viajado conmigo desde Bolonia, es de la gama La Tradizione. Se elabora con uvas de viñedos situados en colinas de suelos arcillosos y calcáreos, con capas de arenisca y cubiertos por arena de cuarzo. Despalillado, prensado, fermentación a temperatura controlada y maceración de unos 8 días, tras lo cual es vino es trasegado a tanques de cemento también con control de temperatura, donde la fermentación maloláctica comienza de forma espontánea y se extiende a lo largo de dos meses. El vino es envejecido durante 2 años, una parte en barricas de roble de Eslavonia y la otra parte en barricas de roble francés, y luego reposa durante otros 12 meses en botella.
No sabía muy bien cuanto tiempo guardar este vino, pero Juancho Asenjo me señaló que era un Barolo básico de una buena añada, y que no merecía la pena darle mucho más tiempo de guarda, por lo que hace un par de semanas decidí descorcharlo y acompañarlo de un caprpaccio de vacuno y un risotto de setas. El Marchesi di Barolo Barolo 2007 (DOCG Barolo, tinto con crianza 100% Nebbiolo, Marchesi di Barolo) es un vino de color granate de capa baja, en cuyos reflejos asomaba algún teja. En nariz me resultó un vino tremendamente interesante, con una buena evolución en copa, mostrando aromas de alquitrán, flores marchitas, notas mentoladas, licoroso por momentos, y con apuntes dulzones y de fruta negra madura. En boca reveló una acidez viva, un cuerpo medio pero con peso y presencia, un tanino muy dulce y un final muy agradable de duración media.
Un vino muy rico, interesante y complejo, que maridó de maravilla con el carpaccio, y que ha hecho que me pique el gusanillo de probar otros Barolos. Claro que la cosa tiene su miga, porque no son vinos precisamente muy baratos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Curso de Quesos del Mundo y sus Maridajes (I)

El pasado viernes tuvo lugar en Bodega Selección de Alicante la primera de las sesiones del curso de Quesos del Mundo y sus Maridajes que se va a desarrollar durante los próximos tres meses. La idea del curso es ofrecer una visión general del mundo del queso, tipos de queso, de leche, elaboraciones, características, y por supuesto propuestas de maridaje, esencialmente con vino.
En esta primera sesión, un tanto introductoria, comentamos someramente lo que es el queso, las distintas leches con las que se suele elaborar, y las características generales que le aportan. Catamos cinco tipos de queso, una mozzarela de leche de búfala, un queso mezcla de leche de vaca y oveja semicurado, un queso de cabra tradicional de tierras ilicitanas, un queso curado de oveja y un queso añejo de vaca. No voy a entrar a describir aquí las características de cada uno de ellos, ya que considero que la mayoría de mis lectores son grandes conocedores y aficionados al queso, y además porque existen multitud de publicaciones dedicadas a ello que a buen seguro aportarán información más veraz y de mayor calidad que la que yo pueda ofrecer. Así pues, pasaré directamente a los maridajes que se nos propusieron y a expresar mi opinión sobre ellos.
Para los cinco quesos se nos ofrecieron cinco vinos. Tres de ellos han sido recientemente catados por mi y comentados en el anterior post, por lo que no me extenderé en sus expresiones sensoriales. Estos tres vinos blancos fueron Castillo de Monjardín Chardonnay Unoaked 2012, Pasión de Moscatel 2013 y Duc de Foix Xarel•lo 2013. Si quisiera detenerme en dos vinos, también ya catados y comentados otras veces, pero que por ser una nueva oportunidad de disfrutarlos me gustaría reseñar de nuevo. Por un lado, tenemos la Manzanilla Papirusa (DO Jerez- Manzanilla, 100% Palomino Fino, Emilio Lustau) de un precioso color amarillo pajizo de reflejos acerados, con una nariz de muy buena intensidad, marcada por las avellanas, los tostados y las almendras, con un toque salino de fondo, y que en boca se revela intensa, seca, almendrada y con un claro deje salino; deliciosa. El otro vino que quería dejar reseñado fue el único tinto de la sesión, el Marqués de Legarda Reserva 2008 (DOCa Rioja, tinto con crianza, 100% Tempranillo; Bodegas de la Real Divisa), de color apicotado de capa alta con reflejos granate; nariz con ebanistería fina, fruta negra madura, pimienta y regaliz, y un paso por boca ligero, fresco  y de buena acidez, con un tanino muy fino y sedoso; está bastante bien.
La mozarella de búfala se entendió muy bien con el vino del Penedés, conjuntándose sabores y potencia, sin destacar ninguno por encima de otro. Con el Moscatel valenciano no se llevó mal, pero hacía resaltar demasiado la sequedad del vino. La unión con el Chardonnay fue muy desagradable, marcándose demasiado los ahumados del vino y creando un conjunto nada placentero. Me atrevería a decirles que no se les ocurra combinar una mozzarela con una manzanilla, resultado absolutamente desagradable, ni con un tinto potente como el reserva riojano mencionado, ya que el queso desaparece por completo.
El queso semicurado de mezcla reveló una conjunción de muy buen gusto con el Xarel·lo, con una mezcla de sabores muy elegante y agradable. No me entusiasmó demasiado su maridaje con el Moscatel, quizá el amargor del vino no se llevaba bien con los sabores del queso. Con el Chardonnay navarro si que hubo un buen entendimiento, potenciándose sabores y dejando un muy buen gusto. Con la Manzanilla, se dejan querer, pero realmente no me entusiasmó la combinación. Y con el tinto reserva no hizo una mala combinación, pero la potencia del vino puede con el queso.
Pasamos al siguiente queso, un queso de cabra ilicitano muy rico. Con el blanco del Penedés no hizo buenas migas, definitivamente no se llevaban bien, al contrario que con el Moscatel valenciano, con el que si se creaba una agradable conjunción de sabores en la que la sequedad del vino se llevaba muy bien con el queso. Las notas del Chardonnay resultaron en un muy desagradable maridaje, así como la manzanilla, con la que se marcaban demasiado las notas de la crianza biológica y se creaba una sensación global nada atractiva. Asimismo, no me gustó como combinaba con el representante de tierras riojanas.
El queso curado de oveja, ya entrando en quesos serios y potentes, se llevó por delante el dulzor y frescor del Xarel·lo, pero sin embargo con el Moscatel, seco el vino y potente el queso, se entendieron bastante bien. La fuerza del Chardonnay y la del queso se potenciaron mutuamente y los ahumados del vino se llevaron muy bien con los sabores del queso, resultado en un maridaje muy interesante. Como era quizás de esperar, el encuentro con la manzanilla de Lustau resultó en una conjunción de potencias que se llevaron muy bien, demostrando que un aperitivo a base de quesos curados y manzanillas es un clásico. Por último, buena potenciación de sabores y buena conjunción con el reserva de Legarda, también una combinación bastante clásica.
Para terminar, un intenso queso añejo de vaca que curiosamente no se entendió del todo mal con la suavidad del Xarel·lo, pero que con el Moscatel creaba una sensación de amargor muy desagradable. Aceptable armonía con el blanco navarro, aunque con un choque de intensidades que resultaba quizá en demasiada potencia en boca. Con el de Lustau no iba del todo mal, aunque marcaba también unos amargores no del todo agradables, por lo que no creo que fuese mi elección. Muy bien en cambio con el tinto reserva, donde la suavidad del vino suavizaba lo punzante del queso y resultó en una buena combinación.
Difícil, al menos para mí, dar recetas generales sobre armonías entre vinos y quesos, aunque este tipo de sesiones me sirven para ir aprendiendo y descubriendo cosas por las que no hubiese apostado.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Cata-Degustación de Septiembre 2014 en Bodega Selección

Ayer tuvo lugar en Bodega Selección de Alicante la cata-degustación mensual correspondiente al mes de septiembre.  En esta ocasión los asistentes tuvimos a nuestra disposición los 24 vinos más votados por los asistentes a las catas de junio, julio y agosto. No probé Los 24 vinos, sólo cerca de la mitad, algunos porque ya los conocía y no me despertaban mayor interés, y otros porque al llegar un poco tarde, ya habían sido consumidos por los ávidos bebedores de vino que acuden a este tipo de eventos.
Empezamos con los blancos, de los que hubo alguna cosa interesante. Baloiro Godello 2012 (D0 Bierzo, blanco con crianza 100% Godello, Bodega Luzdivina Amigo) tiene un color amarillo pálido; nariz con fruta de hueso, flores blancas y notas herbáceas; en boca tiene buena acidez, cierto peso y amargor agradable; sigo prefiriendo los godellos gallegos. Castillo de Monjardín El Cerezo 2012 (D0 Navarra, blanco joven 166% Chardonnay, Castillo de Monjardín) es un vino de color amarillo dorado, con aromas muy ahumados y tostados dejando cítricos al fondo, y que se mostró en boca muy hueco y con poco sabor; no gustó nada, y ya van varias añadas que no me convence. Pasión de Moscatel 2013 (D0 Valencia blanco con reposo con sus lías, 100% Moscatel, Bodegas Sierra Norte) tiene un color amarillo pálido con reflejos acerados, nariz con piel de uva, fruta muy madura y algo herbáceo, y boca es seco, de buena acidez, amargoso y algo graso; me resultó curioso. Duc de Foix Xarel•lo 2013 (DO Penedés, blanco joven 100% Xarel•lo, Covides) se mostró de color amarillo alimonado, con aromas de fruta blanca madura y fruta de hueso, junto con algo de flor blanca, para pasar por boca con buena acidez, seco y algo graso; rico. Caraballas 2013 (V.T. Castilla y León, blanco joven 100% verdejo, Finca Las Caraballas) es un vino de color amarillo pajizo casi dorado, nariz de buena intensidad, herbáceo y con fruta de hueso muy madura, en boca seco, de muy buena acidez, algo graso y con final amargoso; un vino muy interesante aunque no acabo de hacerme con él. Vegadeo Sauvignon 2013 (DO Rueda, blanco joven 100% Sauvignon Blanc, Bodegas Castelo de Medina) tiene color amarillo pálido, buena intensidad aromática, muy varietal, con fruta blanca madura y toques animales, amargoso en boca, algo justo de acidez; no me entusiasmó.
Seguimos con la cata de los espumosos, todos ellos españoles. Parató Brut Reserva (DO Cava, espumoso, 31% Xarel•lo, 30% Parellada, 28% Macabeo, 11% Chardonnay; Parató Vinícola) viste de color amarillo pálido, con burbuja muy abundante, nariz con mantequilla, avellanas, tostados y cítricos, buen paso por boca, con un deje de dulzor, buena acidez y carbónico bien integrado. Gran Castellflorit Brut Nature (DO Cava, espumoso; Macabeo, Xarel•lo y Parellada; Covides) tiene un color amarillo pálido brillante, en nariz pan tostado, levaduras y flores blancas, y en boca totalmente seco, de buena acidez y con buen carbónico; creo que es un cava con una buena RCP.
Pasamos a los rosados, donde hubo cosas que me llamaron la atención. Pasión de Bobal Rosado 2013 (DO Utiel-Requena, rosado 100% Bobal, Bodegas Sierra Norte), es un vino de color rosa asalmonado pálido, nariz algo justa de intensidad, con fruta roja ácida y notas florales, y en boca muy buena acidez, fresco y frutal; me gusta este rosado. Pago del Vicario Rosado 2013 (VT de Castilla, rosado 100% Petit Verdot, Pago del Vicario) tiene un color casi rubí, aromas de fruta roja y herbáceos, y paso por boca fresco, un punto dulzón y con leve amargor final, no es desde luego la mejor añada de este vino. Parató Rosado 2013 (DO Penedés, rosado 100% Pinot Noir, Parató Vinícola) tiene un color rosa frambuesa pálido muy bonito, nariz muy agradable con fruta roja, gominolas y anisados que vuelven a notarse en el paso por boca, donde se revela muy frutal y de buena acidez; un rosado muy interesante, me gustó.
Terminamos catando tan solo un par de tintos. Montevannos 2012 (DO Ribera del Duero, tinto joven 100% Tempranillo, Bodegas Montevannos) es un vino de color picota de capa media con ribete violáceo, nariz con fruta madura roja y negra, dulzón y especiado, y en boca suave, con dulzor frutal, ligero; fácil de beber. Señorío de los Baldíos Roble 2013 (DO Ribera del Duero, tinto roble 100% Tempranillo, Bodegas García) tiene un color picota con ribete violáceo, nariz muy marcada por regaliza, con torrefactos y algo de fruta al fondo, paso por boca suave, ligero, con esa predominancia de la regaliz; se bebe pero no entusiasma.
En resumen, de lo probado destacar sobre todo el rosado Pinot Noir de Parató, los dos vinos de Bodegas Sierra Norte, el cava de Covides por su, para mí, buena RCP; el Xarel•lo de la misma bodega, y para probar con más calma el Caraballas, fuera ya de la DO Rueda, a ver si acabo de entenderlo o acaba de gustarme.

sábado, 6 de septiembre de 2014

De Sicilia al Piamonte

Según Jancis Robinson, Sicilia es la región vinícola más vital y más mejorada de Italia. Con una producción de unos 7 millones de Hl, los elaboradores se han centrado más en la cantidad que en la cantidad. Actualmente Sicilia es el terruño de varias DO como la famosa DOCG Cerasuolo, DO basadas en la Moscato (Moscato di Noto, Moscato di Siracuso), Malvasía (Malvasia delle Lipari) y sobre todo es la cuna del Marsala, aunque la uva que puso a la isla en la mapa vitivinícola mundial fue la Nero d'Avola.
La Frappato es una uva baja en taninos, que produce vinos con un un aroma seductor y que habitualmente se emplea en mezclas. Dentro de la región vinícola de Vittoria, esta uva se utiliza en la DOC Vittoria Il Frappato.
Valle dell’Acate es una bodega siciliana que actualmente posee unas 100 Ha de viñedo y elabora vinos en varias DO como la DOCG Cerasuolo di Vittoria, las DOC Insolia y Zagra, además de vinos con IGT como Il Moro, Bidis, Rusciano y Tané.
El Valle dell’Acate Il Frappato 2011 (DOC Vittoria Il Frappato, tinto joven 100% Frapatto, Valle dell’Acate) se elabora con frutos procedentes de la región de C. da Bidini (Acate), al este de Sicilia, y tiene una crianza de 6 meses en depósitos de acero con posterior reposo de 3 meses en botella. Se nos presenta como un vino de color rubí brillante, de capa baja. La nariz es muy fresca y frutal, diría que alegre, con fresas, frambuesas, algunas notas mentoladas y recuerdos de campo. En boca es fresco, de buena acidez, ligero y frutal, haciendo que apetezca tomar una y otra copa.
El Piamonte es una de las regiones vitivinícolas más legendarias de Italia, cuna de algunos de sus vinos más míticos basados en la Nebbiolo, como Barolo y Barbaresco, además de otras DO como Langhe o Monferrato.
La Barbera es reconocida como la segunda mejor uva del Piamonte, y da origen a vinos afrutados y de buen color, con alta acidez pero tradicionalmente bajos en taninos. Los vinos más famosos son los Barbera d'Alba, más complejos y potentes, y los Barbera d'Asti, más brillantes y finos.
Al sur de la localidad de Asti se encuentra la DOCG Barbera d'Asti, que fue reconocida en 1970 como DOC, y alcanzó el grado de DOCG en 2008. Al ser una DOCG, sus vinos deben estar elaborados al menos en un 85% con uva Barbera.
La Morandina es una Azienda Agricola fundada en 1780, aunque sus orígenes podrían remontarse al 1600, cuando el apellido Morando ya estaba presente en la región de Castiglione Tinella. Poseen viñedos en Neive, Montegrosso d'Asti y en Castiglione Tinella, y elaboran entre otros, Barbaresco, Chardonnay de Langhe, Moscato d'Asti, y dos Barberas, el Barbera d'Asti "Varmat", de viñas de más de 100 años, y el 5 Vignés que hoy nos ocupa.
La Morandina Barbera d'Asti 5 Vignés 2009 (DOCG Barbera d'Asti, tinto con crianza 100% Barbera, La Morandina) se elabora con uvas de 5 viñedos distintos situados en Montegrosso d’Asti y Costigliole, con una edad media de 60 años. Fermentación con levaduras indígenas, 30% en barricas de gran tamaño y 70% en acero, y tiene una posterior crianza de unos 12 a 14 meses. El resultado es un vino de color granatoso, de capa media, asomando algún teja y un tanto apagado. La nariz es de intensidad media, con un primer golpe intensamente especiado, que deja paso después a frutos del bosque, balsámicos y alguna nota animal. En su paso por boca tiene una acidez fresca, con cuerpo medie pero buena presencia, frutal y con un final algo secante. Muy rico.
Estamos ante dos vinos muy diferentes, uno muy frutal y alegre, otro más serio y complejo, pero muy fáciles de beber en verano. El Frappatto desde luego es para beberse botellas en una barbacoa con amigos.

martes, 26 de agosto de 2014

Visitando Adega Moraima

Si tuviese que resumir en una sola palabra mi visita del otro día a Adega Moraima, sin duda sería Viñedo. Y es que la principal preocupación de los socios de esta cooperativa es un viñedo sano, en buenas condiciones y procurando rescatar y mantener viejos viñedos prefiloxéricos dispersos por la zona.
Viña Moraima S. Coop. Galega es una pequeña cooperativa que nace en el año 2006. Actualmente está formada por un total de 12 socios que cuentan con unas 9 Ha de viñedo localizado en la parte alta de la comarca del Salnés, lo que les permite tener viñedos en laderas, con más insolación y muy buenas condiciones para una uva sana y de calidad. Varios de los socios tienen una tradición viticultora familiar que llega a ser centenaria, y actualmente están adscritos a la producción integrada, utilizando los mínimos tratamientos sistémicos posibles y con patrones como respeto a la capa vegetal natural del suelo. En bodega, se hace uso de la tecnología pero con el mayor respeto a la uva, intentando extraer de ella todas sus características varietales y de terroir.
La mayor parte de la visita, de la mano de Gonzalo y Diego, consistió en recorrer los viñedos. Viñedos muy viejos de Albariño, de escasa producción y alta calidad, junto con algunos viñedos en pie franco de Caíño y de Ratiño, una variedad con la que están empezando a trabajar. Mimo exquisito a la viña y selección de racimos en el propio viñedo para una producción total de unas 50.000 botellas de Albariño, aunque recientemente han embotellado su primera añada de Caíño Tinto. En Moraima se elaboran fundamentalmente dos marcas de vino 100% Albariño. Tras la selección en viñedo, despalillado, maceración en frío y separación del mosto flor para la primera marca, destinando el resto a la segunda marca de la bodega.
Junto con Gonzalo y Diego, a los que se unió Javier, el presidente de la cooperativa, y con la compañía de Alfonso, distribuidor en Bruselas, pudimos catar los dos vinos 100% Albariño que elaboran, así como el recién embotellado Caíño Tinto.
Aba de Trasumia 2013 (DO Rías Baixas, blanco joven 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora tras maceración pelicular de unas 5 horas a 6ºC con fermentación en acero inoxidable durante 14 días a 16ºC y un filtrado suave antes del embotellado. El resultado es un vino de color amarillo pálido con reflejos acerados. Tiene una nariz de intensidad media, con manzana, flores blancas y fruta de hueso. En su paso por boca muestra una buena acidez, es fresco, con un amargor y una mineralidad final muy agradables. Me pareció un vino de chateo, sin grandes cosas destacables, pero agradable.
Moraima 2013 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) se elabora sometiendo a las uvas a una maceración pelicular a 6ºC durante unas 7 horas tras el despalillado, con fermentación en inox a 6ºC durante 14 días y posterior reposo con sus lías durante unos 4 meses; filtrado suave antes de embotellar. Es un vino de color amarillo alimonado, con una nariz franca y de buena intensidad, que muestra fruta de hueso, piel de manzana reineta, alguna nota de miel tenue, recuerdo del reposo con sus lías y un deje de pedernal. En boca se revela fresco, frutal, graso, llenando la boca y con un final amargoso muy agradable que le da una persistencia larga. Me pareció un muy buen vino y con capacidad de una evolución interesante, como demostró la botella de Moraima 2012 (DO Rías Baixas, blanco con crianza sobre lías, 100% Albariño, Adega Moraima) que se sacó de la manga Diego. Este año más de botella ha hecho que nos encontremos con un vino de color amarillo dorado con reflejos dorados, precioso. Nariz de buena intensidad, elegante, con miel, cera, fruta muy madura, y claras notas cítricas. En boca se reveló lleno, con una acidez fresca, untuoso, amargoso y frutal, nuevamente con una muy buena persistencia. Una fantástica evolución para un muy buen vino.
Terminamos la cata probando el recién embotellado Moraima Caíño 2013 (DO Rías Baixas, tinto joven 100% Caíño Tinto, Adega Moraima). Tiene un precioso color rojo cereza de capa baja. Extraños aromas de reducción al principio, que nos obligaron a una buena aireación, para dejar salir su personalidad de bosque, matorral y fruta ácida. En boca tiene esa acidez viva típica de estos vinos, siendo ligero y frutal y mínimamente secante al final. No son vinos para todos los gustos, pero de este me bebería botellas.
Estamos ante otro ejemplo de que existe y se debe potenciar otra forma de hacer vino en las Rías Baixas. Producciones bajas, mimo en la viña, respeto a lo que la tierra nos brinda, y calidad por encima de cantidad. Desde luego Moraima es un vino serio, para descubrir sus matices y para seguir su evolución, y el Caíño, el primero que pruebo sin paso por barrica, es de los de sentarse a charlar y beber una copa tras otra.
Gracias a Gonzalo, Diego, Javier y Alfonso por una mañana más que agradable, de disfrutar y aprender.

jueves, 14 de agosto de 2014

De Tintos por Zárate

Como ya he comentado alguna vez aquí, la comarca del Salnés ha sido históricamente zona de producción de vinos tintos, siendo los blancos, fundamentalmente de Albariño, relativamente recientes (unos 50 o 60 años). Ahora, algunas bodegas están volviendo sus ojos a esas castas más o menos autóctonas y casi olvidadas por aquellos que buscan la venta de miles de botellas de vino dejando de lado la calidad, la tipicidad y la historia. Así, Loureiro Tinto, Caíño Tinto, Espadeiro y otras, empiezan a resurgir de la mano de algunos apasionados que escuchan de forma habitual "Y si ya vendes bien el albariño, ¿para qué te vas a meter en líos?"
Con la idea en mente de probar algunos de estos tintos, José Luis Louzán y yo pusimos rumbo a una de las bodegas que desde hace algunas añadas empiezan a trabajar bien con estas variedades, y donde además siempre somos bien recibidos y mejor tratados.
También hemos hablado ya aquí de Bodegas Zárate. Una bodega que ha creado parte de la historia de la DO Rías Baixas, y cuya tradición vinícola se remonta a 1707 de la mano de Diego Zárate y Murga,  Primer Marqués de Montesacro por Decreto de Felipe V. Ernesto Zárate fue el fundador de la Fiesta del albariño de Cambados, y después de 7 generaciones, la familia Zárate continúa cuidando los viñedos familiares y elaborando vino.
Actualmente, el encargado de mantener la tradición familiar es Eulogio Pomares, un enófilo convencido de que el vino se hace en la viña. Reducción al mínimo de productos químicos de síntesis, uso de algunos elementos de la biodinámica y mantenimiento de la cubierta natural, son entre otros los responsables de la calidad y diferenciación de los vinos de Zárate.
Hablar con Eulogio es siempre una delicia. Escuchar de boca de quien forma parte por herencia de la historia vinícola de esta región cómo trabajan las viñas, cómo elaboran sus vinos, y qué podemos encontrar en cada copa, es motivo para regresar a Meaño una y otra vez.
Como ya dije, en esta ocasión llevábamos la idea de dejar de lado esas maravillas blancas que elabora, e íbamos directamente a por los tintos. Eulogio nos contó un poco de historia, de como allá por los años 50 las grandes cooperativas dijeron a los agricultores que si querían seguir vendiendo uva, debían arrancar esas cepas tintas y plantar albariño. Nos explicó como y cuando han replantado ellos parte de sus fincas con Loureiro, Caíño y Espadeiro, y como han logrado mantener algunos pequeños viñedos viejos de Caíño y Loureiro que escaparon a la fiebre del albariño.
En Zárate se elaboran ahora 3 tintos monovarietales, Loureiro Tinto, Caíño Tinto y Espadeiro, de los cuales pudimos probar los dos primeros. Zárate Caíño Tinto 2011 se elaboró tras vendimia manual y selección en el mismo viñedo, que tiene una edad media de 60 años. Las uvas se pisaron sin despalillar en un tino de roble abierto, donde tiene lugar la fermentación, para luego hacer una maceración larga de 4 semanas con un pigeage diario. Posteriormente, maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de roble francés de tercer año para pasar a ser embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 1250 botellas. El resultado es un vino de bonito color apicotado, de capa media, brillante. Nariz intensa marcada por los aromas de bosque, frutales y de hierba, con notas mentoladas. En boca destaca una acidez viva, un paso muy fluido y una tanicidad algo marcada aún, que a alguno puede echar algo para atrás, pero que junto con la acidez le da una gran personalidad al vino.
El Zárate Loureiro Tinto 2011 inicia su vida de forma parecida, con vendimia manual y selección en viña, con viñedos de una edad media de 60 años. En este caso, las uvas se despalillan y fermentan en una tina de acero inoxidable abierta, y luego se realiza durante 4 semanas un pigeage diario. Maloláctica y crianza de 12 meses en barrica de 500 litros de roble francés, y embotellado sin filtración ni clarificación en febrero de 2013, con una producción de 600 botellas. En copa muestra un color picota brillante, de capa media, muy atractivo. Nariz marcada por las hierbas de monte, laurel, eucalipto y notas frutales. En boca de nuevo una acidez vivísima, buena tanicidad y un paso fresco y alegre, con una muy notable persistencia.
En resumen, dos vinos de marcado carácter atlántico, de disfrute temprano aunque con cierto potencial de mejora en botella, de los que hacen sonreír y beberse una copa tras otra.
Gracias nuevamente a Eulogio y Rebeca por la amabilidad y la simpatía que tienen conmigo cada vez que me acerco a la bodega, y a José Luis Louzán por hacer que tanto esta parte del día, como el resto, conformaran una maravillosa jornada.